domingo, 17 de noviembre de 2019

DE UNA AVENTURA COMO MAESTRO DE ESCUELA EN EL DOCE, CORREGIMIENTO DE TARAZÁ, ANT.

Texto y fotos por Julián Ospina

I. CONTEXTO: DEL BLOQUE 12 AL CORREGIMIENTO EL DOCE 

Desde los bloques del bloque 12 de la Universidad de Antioquia donde estudié filosofía salté a laborar como sofista al Corregimiento El Doce, sito en Tarazá. Zona roja de la que no hablaban muchos los doctores en sus conceptualizaciones. Caí, pues, del Olimpo a Tarazá con la sensación de que entre la filosofía enseñada y el territorio había distancias abismales. Desde el bloque 12 -donde tomábamos tinto-  decía “agotados de esperar el fin” salté a la I. E. La Inmaculada, a las riberas del Cauca, km. 12 vía hacia la costa. Calor y violencia, encuentros con jóvenes vulnerables y vulnerados en medio de las operaciones bélicas de los distintos actores del conflicto armado: Ejército, guerrilla, paramilitares, y entre estos, todas las alianzas posibles. Aquí la relación con el lenguaje está en dirección a las víctimas del conflicto armado, a escuchar la miseria que se ve a leguas, ya no tanto a hacer la exégesis de los eminentes conceptos del “mundo de las ideas”. Estos son algunos problemas que me hiceron olvidar, por ejemplo, de los “juicios sintéticos a priori”: 


-Posee un alto crecimiento demográfico generado por fuertes procesos migratorios (desplazamientos y otros), asociados a factores generados por economías auríferas y ficticias.
-Escasas fuentes de empleo formal con ingresos dignos para la población.
- Atraso en tecnologías de la información y la comunicación, así como implementación de políticas que le permitan insertar a la población en la sociedad del conocimiento[…]
-Alta vulnerabilidad social de adolescentes, jóvenes, la mujer y la tercera edad.
-Percepción de altos índices de inseguridad física.
-Deterioro acelerado de los recursos naturales; especialmente el hídrico.
-El Municipio de Tarazá tiene un NBI (Necesidades Básicas Insatisfechas) de 61.97% según el DANE en 2010. Se cuenta con altos niveles de pobreza extrema, lo que se traduce en desarrollo urbano subnormal, con restricción de acceso a los derechos de educación, salud y vivienda en zonas de riesgo y predios no legalizados.
-Existe alta presencia de población víctima del conflicto armado y gran parte de esta población son mujeres jefes de hogar, expuestas a factores sociales sin la garantía de sus derechos.
-Inadecuada ocupación del territorio urbano, deficiencia en la infraestructura de servicios públicos.
- Deficientes espacios públicos para el esparcimiento familiar.
-Inadecuado manejo del recurso hídrico y protección vegetal.
-Embarazos en adolescentes, alcoholismo, drogadicción, falta de oportunidades laborales, ausencia de programas encaminados al fortalecimiento de sus habilidades para el desarrollo de sus proyectos de vida.
-Es un municipio expulsor y receptor de familias flotantes y migrantes a causa de la violencia, economías ficticias[1]


El municipio está como el primer municipio de Antioquia considerado para las labores del desminado. Tarazá se encuentra también dentro de los 125 municipios priorizados, según la ONU para trabajar fuertemente el posconflicto[2]. Allí hay que caminar con cuidado, manejar en la troncal motocicleta sin casco. Dicen que está peor. Y más de lo que "ví, viví y vencí" no me alcanzo a imaginar. 


II. PERIÓDICO EL DOCE: VIVENCIA EN LA ESCUELA 

Ante tan complejo panorama la educación no es, por ende, la excepción. Esta onda oscura del conflicto armado y la inequidad atraviesa también a la escuela, en este caso, a la I. E. La Inmaculada donde este periódico aparece por primera vez en sus más de 52 años de existencia: allí donde la deserción es de un 30% y donde los estudiantes y sus familias están enroladas, principalmente, en el cultivo de hoja de coca para la extracción de la cocaína o en la minería ilegal. Un colegio donde las estudiantes, ya menos que antes, laboran como damas pre-pago, forma de nombrar el antiguo oficio de la prostitución. La mayoría de los docentes están en provisionalidad y hay quienes son de Chocó, de Bolívar, de Cartagena, Valle del Cauca, Córdoba y Antioquia. Aspecto que le da una peculiar inestabilidad a los procesos junto con el alto nivel de inasistencia de los estudiantes porque estaban “raspando”; por virus; por paros u otras imposiciones de “paras”.
Nunca supe a ciencia cierta si el periódico se publicó. La diagramación y el diseño fue amablemente acompañada por Editorial La Libélula. Nació en medio de mis labores como docente hasta el 15 de marzo, poco después de “aparecido” o “desaparecido” el periódico, y antes de que formalizara amenazas e intimidaciones recibidas por mor y en conexividad con mi labor docente: reflexiva, crítica, sensible y comprometida con el contexto.[3]

El ejercicio de la fantasía a partir de la realidad, así como el reconocimiento de la historia de su territorio y la reflexión sobre el mismo motivó a los estudiantes ante el hecho también de visibilizarse como seres humanos que sienten, piensan y crean cada vez más diversas posibilidades de diálogo cultural entre ellos mismos como jóvenes y entre ellos mismos y la comunidad en general. En los textos se revela el ser más íntimo de individuo y comunidad. 


El trabajo dentro y fuera del aula de clase fue propiciar en los estudiantes creatividad, sensibilidad e imaginación, así la clase fuera sobre mitos, ortografía, tipología textual, la distribución del territorio en Colombia, etc. Es decir que los planes de área se orientaron integraron al estudiante como ser humano y valoró sus intereses y experiencias. Descubrió sus dolores y sus potencialidades. En este sentido los procesos de aprendizaje concibieron siempre la palabra y la “educación en contexto” como poderosa forma de resiliencia en un medio donde el conflicto armado reina. 


La palabra bajo su forma artística y la posibilidad de generar diálogo mediante la lectura entusiasmó a los estudiantes a participar en la publicación, así como en la elaboración de murales y carteleras que llevaran sentido allí donde la guerra lo confunde y lo estropea todo. Fue una apuesta estética por la reflexión, la memoria y la creación de sentido como una contribución silenciosa a la paz de esta comunidad y municipio cuyas condiciones adversas me obligaron, sin embargo, a irme, a irme dejando la huella de esta narrativa literaria que procuró vincular a los jóvenes a que hicieran la memoria de la guerra con un sensible testimonio (páginas 10 y 11 con ilustraciones de niños de preescolar) que, a su vez, fuera un llamado a la No Repetición de la barbarie. Igualmente, suscitó a los estudiantes a crear a partir de elementos cotidianos como la minería: “la maldición del oro” dio lugar a los cuentos que van de la página 7 a la 9 y la 15. O bien, a contar la persistencia de un oficio de tejedores de aperos y atarrayas (primer texto de la página 18). Los demás textos de estudiantes sugieren sensibilidad, diversos motivos de imaginación y reflexión sobre el medio ambiente, la felicidad y Dios. Con lo que se visibiliza no solo la sombra que cubre al Corregimiento del Doce sino la luz que la asisten en seres humanos únicos y diferentes, dignos, a pesar de la degradación que alcanza la guerra. 

Para efectos del fomento de la lectura y en decidido compromiso con la comunidad se publican dos reflexiones: Una zen y otra de Einstein, como provocaciones al pensamiento, interpelaciones a la resistencia con la creación, contra la destrucción. Así mismo, de acuerdo con las vivencias de la comunidad se difunde una otra información sobre la coca, específicamente, sobre las propiedades y usos medicinales, nutritivos y culturales de la hoja de coca, aspecto que se desconoce a pesar de los cientos de hectáreas sembradas con esta “planta sagrada” en Tarazá y en el Bajo Cauca antioqueño en general. 

Al igual se vincularon a dos escritores invitados de otros municipios (Girardota y Fredonia): uno para que relatara una experiencia de escritura a nivel regional desplegada con docentes de Tarazá (página 12 y 13); otro para que llamara a la reflexión y cuidado del agua en un territorio donde esta infinita riqueza es amenazada por la explotación ciega y bruta de oro o de la ganadería intensiva (13 y 14), o los residuos químicos que allí desembocan producto del tratamiento químico al que es sometido la hoja de coca para ser convertida en “base”, o más bien, fundamento del abismo. 

Finalmente se incorporaron unas memorias fotográficas de actos y eventos culturales que son hechos de paz y alegría en la Institución Educativa[4]; se realizó un perfil sobre un concejal y líder comunitario habitante del Doce y egresado de la I. E. La Inmaculada donde se gesta el periódico y se visibilizó la presencia de un estudiante ciego con una breve nota que nombrara sus derechos y la garantía de los mismos que merece de acuerdo con su condición y con lo que la ley y el soñado Estado Social de Derecho disponen con relación a la discapacidad (página 19 y 20). 

Sí es posible una apuesta ética, pedagógica y estética como alternativa de belleza y posibilidad de transformación socio-cultural en un medio donde las ráfagas, las explosiones, el mercurio, los jornales de raspachines, las vacunas, las extorsiones configuran un panorama gris donde es difícil y desigual, incluso, el acceso al conocimiento. El Doce, publicación literaria de la I:E. La Inmaculada constituye una forma de democratización de la palabra, justo allí, donde imperan ideologías unilaterales que solo generan actos de violencia y temor en medio de los cuales queda desprotegida la población civil, niños y jóvenes en nuestro caso. Esta narrativa no es más que un gesto de resistencia.

De ahí también el que se haya visto impelida a nombrar el agua, la guerra, la minería, el territorio, la sensibilidad, imaginación, memoria y reflexión, amor, selvas y ríos como contenidos pertinentes y acordes a una comunidad y un territorio, corregimiento El Doce de Tarazá - Antioquia sediento de paz y armonía, capaz de la cohesión social, por qué no, con la palabra, de la vida y la libertad por cuya protección salí de allí y que no fueron las palabras que, propiamente, me han enseñado en la excelentísima academia. Estas, más bien, las he aprendido en la experiencia, en el vivir y ensayar libertad, crear resistiendo y resistir creando. Aquí un poema escrito en aquellas calderas, donde a pesar de lo adverso, habitan personas cálidas y pacíficas. Doña Margarita, doña Nora, Alonso, don Carlos, los estudiantes, el mecánico, Ángela, Víctor, el de los jugos de Naranja, el del agua de Coco, las de la Biblioteca, Carmenza, en fin, la paz sean con Tarazá, con Valdivia, con los ríos y las cordilleras. 



TARAZÁ

“Su cabeza, solo preocúpense por destrozar su cabeza.
Enemigo abatido, ¡totalmente enfermo!
Cubran al general, nuestro hombre más importante”
—Dice el videojuego en el que combate un estudiante en el Corregimiento El Doce

Al salir de la escuela de la escuela Inmaculada
el celador me dice que no ha vuelto a pasar casi nada:
Solo las manos sin cuerpos halladas en el río Cauca
con el brazalete de la piscina… del narcotráfico, pienso yo…

Margarita me cuenta de cosas duras por las que ha pasado Tarazá
Del incendio ahí, en medio de la carretera,
Línea recta de un paisaje abriéndose al mar;
De las llamas rozando las tejas
Y de su hijo ampollado por el solo vapor;
Del fuego terrible encocando las puertas…

Margarita, mejor deme un Águila.
Ni usted, ni el estudiante, ni el celador del colegio entienden
que ando buscando hospedaje.
O un vuelo más libre donde un maestro de escuela no sea asesinado.
Sírvame, Margarita, una cerveza esperanza
Eso sí, no tan helada…




[2] Véase para estos datos: (http://www.eltiempo.com/colombia/medellin/proceso-de-paz-sergio-fajardo-propone-que-desminado-empiece-en-taraza-briceno-caceres-e-ituango/15486359). Y http://www.arcoiris.com.co/2015/01/estos-son-los-125-municipios-del-posconflicto-segun-la-onu/




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