Johan Stiven, Gabriel y Anderson de 11°01 lograron este maravilloso trazo con tizas de colores y con dibujo a lápiz previos. El libro por sí solo ya es poderoso, de último en la fila, como un ave volando en otra dirección, el libro en el rincón, del que no sabemos cuántos se necesitan leer para que uno se abra, o cuántos necesitan estar cerrados para el vuelo de uno solo. La mudez del libro en la pared, el color y la tiza, sensación de polvo de todos los saberes, la pluma atacada por la inspiración del misterio. La belleza inefable de los libros, tan vivos en un rincón del aula como están los solitarios, resplandeciendo en la pared y sus sombras del lado de acá. Epifanía de un viernes. Que puedas mirar a los ojos de los libros abiertos, el corazón de la biblioteca siempre te acoge...
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