Por Juan David Sánchez Castrillón.6°-01
Una vez un pollo el cual vivía en su casa no quería hablar con su padre o mejor dicho no quería ser como su padre, no quería cacarear. Su padre siempre le decía que un pollo que no cacareara no era pollo y así se la pasó toda su vida hasta cuando tuvo 16 años. Su dueña doña Olga, al ver que el pollo no cacareaba y no la despertaba para ir al parque a comprar la comida de la noche, lo tomó del pescuezo y a punto de echarlo a la olla, el joven pollo cacareó tan duro que se escuchó hasta el gallinero donde su padre corrió para salvarlo. Así el pollo aunque no le gustara cacarear, hizo lo posible para no convertirse en un pollo que no hablara para siempre.
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