Por Juan Pablo Bayona, 8°2 Y llego aquella persona
Que le pudo sacar la pelota de la cabeza
Que le susurraba en sueños.
Ese pequeño demonio le prometía un cielo.
Sin tener alas, le enseñó a volar.
Y al tropezarse entre ellos
Cortaron sus alas y regresaron
A su sobria realidad.
Mientras los demás estaban
Borrachos en los sucios tableros
Prisioneros de sus propios peones.

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