Texto y fotos por Julián Ospina
I. CONTEXTO: DEL BLOQUE 12 AL CORREGIMIENTO EL DOCE
Desde los bloques del bloque 12 de la Universidad de Antioquia donde estudié filosofía salté a laborar como sofista al Corregimiento El Doce, sito en Tarazá. Zona roja de la que no hablaban muchos los doctores en sus conceptualizaciones. Caí, pues, del Olimpo a Tarazá con la sensación de que entre la filosofía enseñada y el territorio había distancias abismales. Desde el bloque 12 -donde tomábamos tinto- decía “agotados de esperar el fin” salté a la I. E. La Inmaculada, a las riberas del Cauca, km. 12 vía hacia la costa. Calor y violencia, encuentros con jóvenes vulnerables y vulnerados en medio de las operaciones bélicas de los distintos actores del conflicto armado: Ejército, guerrilla, paramilitares, y entre estos, todas las alianzas posibles. Aquí la relación con el lenguaje está en dirección a las víctimas del conflicto armado, a escuchar la miseria que se ve a leguas, ya no tanto a hacer la exégesis de los eminentes conceptos del “mundo de las ideas”. Estos son algunos problemas que me hiceron olvidar, por ejemplo, de los “juicios sintéticos a priori”: