Por Natalia Evans Arango, 11°02
El pez que nunca descubre que vive en el agua. De hecho, porque vive inmerso en ella, su vida transcurre sin advertir su existencia. De igual forma, cuando una conducta es normalizada por un ambiente cultural dominante, se vuelve invisible. Michel Foucault
Es una sociedad dirigida por titiriteros, donde ladrones en lugar de esposas, se caracterizan por llevar traje y corbata, el pueblo ha perdido la noción de lo realmente importante, acoplándose al mismo sistema consumista programador de robots e incinerador de capacidades auténticas.
El conocimiento siempre ha sido considerado una especie de ventaja desde la época primitiva, al entender la importancia de relacionarse con su entorno en pro de la supervivencia, el hombre ha ido almacenando toda información prometedoramente útil para ello.
Pero: ¿qué ocurriría si mentes egoístas, ambiciosas e indiferentes descubrieran la forma de utilizar aquello que aprendemos en su contra?
La respuesta es simple, viviríamos como en la actualidad.
Hoy en día el sistema se ha encargado de utilizar la formación como estrategia de manipulación masiva, monopolizando e imponiendo temáticas que en lugar de autodescubrimiento, fomentan desigualdad, baja autoestima y enajenación, dedicándose a la producción de trabajadores oprimidos.
No es ningún secreto el hecho de que cada niño posee esa libertad interior que le permite usar su creatividad y expresarse como guste, pero a medida que crece, varios factores afectan dicha esencia, logrando desaparecerla por completo.
La escuela como principal hilo conductor a la sumisión, se ha ocupado de calcular la inteligencia en cifras numéricas, olvidando su función como espacio para cultivarse, e ignorando que educar vendría siendo guiar a las personas a un desarrollo de su potencial.
Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Seria esencialmente un método de esclavitud en el que, gracias a las ‘’comunidades’’, los esclavos amarían su servidumbre. Aldous Huxley
Al parecer la colectividad siempre irá en contra de quien desee pensar por sí mismo y cuestionar la manera en que están estructuradas las cosas, entre más opiniones divergentes, menos control y menos ganancias.
¿Es entonces la dependencia que poseemos unos de otros, el motivo para enfocarnos en el entretenimiento y la satisfacción de placeres, en lugar de manifestarnos alzando la voz, haciéndonos escuchar?
Tristemente sí. Vestuarios, alimentación, vivienda, ocio. Son ahora caprichos proclamados como indispensables para la supervivencia, factores auxiliares en una innecesaria prolongación de los días. En mi opinión, mientras el corazón tenga capacidad de bombear sangre y los pulmones de recibir oxígeno, deberíamos aprovechar el tiempo, cuestionando, investigando, ayudando. Esto es lo que realmente deberían enseñar en las escuelas. Solo tenemos una oportunidad para experimentar la existencia. Y malgastarla en busca de un puesto laboral, dinero o basura insignificante solo nos convierte en idiotas, y a pesar de que a nadie le gusta identificarse con dicho término, lo somos mientras sigamos cometiendo los mismos errores deseando un mundo más humano pero cegados por la banalidad de nuestro mundo interior.
No es normal que nos parezca normal que el futuro de una persona sea dictaminado por la sociedad y sus expectativas incluso antes que esta se descubra a sí misma. Es una sociedad con mucha información y poca formación como seres humanos.
"Cada hora del hombre es un lugar vivo de nuestra existencia que ocurre una sola vez, incomparable para siempre", dice Ernesto Sabato, con una palabras suficientes para llevarnos a la reflexión y a la transformación.

No hay comentarios:
Publicar un comentario