Mercaderes de cualquier
tipo: de la política y las sociedades anónimas de las empresas electorales,
mercaderes de la información, de las armas y de la droga, mercaderes del miedo
y de la norma. ¿Será todo esto el Estado, el estado de violencia, de violencia
y guerra que alcanza, incluso, la cotidianidad de la escuela?
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| Ilustración del estudiante Stiven Rodríguez |
Sea lo que fuere, cabría
aclarar, que estos juguetes no son propiamente tareas que pongan los
profesores. La ilustración es, más
bien, la manifestación sensible de un estudiante consciente de la violencia
contra la protesta. La escuela, señores mercaderes, no enseña la violencia. A veces ella apenas llega a ser la pared donde un miedo se fuga.
Es un territorio en conflicto, sí, pero procura preservarse como "territorio de paz". Conflictos cuya raíz, a menudo, se encuentra en las familias fragmentadas y diversas. Señores asesinos por qué no piensan en la familia un poquito, en la dignidad de cualquier vida. ¿Quién que no se deba un profesor, a un maestro, aseveraría que ellos son un blanco legítimo de la violencia, de la maldad?
Docentes amenazados de muerte en El Salado, Carmen de Bolívar, atentado contra un representante de los educadores, asesinato en Tolima de una profesora, incertidumbre en algunas instituciones educativas del Bajo Cauca. Son apenas algunos sucesos ante los cuales viene bien preguntar: ¿Qué proyecto educativo tiene una sociedad y una cultura que asesina a sus profesores, una clase política que no siente y consiente estos hechos? ¿Gobierna el diálogo? ¿Cuál es el “centro”? ¿Qué es lo “democrático”? De momento, y mientras cuestiones de ese talante obtengan para con la escuela una respuesta responsable, decimos finalmente, "no maten profesores". Ellos también tienen hijos en escuelas, ellos reciben niños y jóvenes de madres y padres de familia a quienes, mal que bien, la escuela les escucha y les ayuda mientras sobreviven con angustia. No maten profesores, ¿sí?. Ni a nadie, por favor y gracias.
