lunes, 20 de enero de 2020

FRUTO Y TESTIMONIO DE UN ENCUENTRO CON EL ESCRITOR

A finales del 2019 y en articulación con la Biblioteca Municipal Alberto Aguirre de Girardota el área de Filosofía y su apuesta literaria en la I. E. Manuel José Sierra realizó el encuentro con el escritor y periodista bogotano Juan Miguel Álvarez Ramírez.  Fruto y testimonio de este encuentro ameno fueron, entre otros, los textos que a continuación compartimos. Por razones de respeto a la intimidad, los textos I y IV, escritos por mujeres, los publicamos con seudónimos. El encuentro se realizó con el grado 11, ya egresado: 


I

Me levanto y como de costumbre, pienso que va a suceder hoy, me he quedado pensando un rato, pero decido salir de la cama, veo a mi madre y le doy los buenos días. Y me dirijo a la cocina para hacer mi desayuno, escucho que alguien llega: es mi hermano, recuerdo que es domingo, y como cada semana llega y saluda a todos, voltea a mirarme me sonríe y produce el sentimiento de asco que siempre provoca en mí, estoy anhelando que se vaya, no puedo pensar en nada más. Escucho que mi madre me dice que vaya a la tienda a comprar las cosas para el almuerzo, deseo que ese hombre no esté cerca, me voy para la tienda; una tienda azul tan única en la vereda por su dueño el cual es ciego, estaba esperando que me atendiera pero, de repente, llega ese hombre me mira y me dice que pida lo que quiera, me niego, pero igual decide pedirme una chocolatina Jumbo y mientras Alberto busca la chocolatina, ese hombre me abraza y me toca me da asco, me toca mis partes íntimas y el asco me está llenando lo aparto y decido irme de ese lugar y no contar nada, nunca lo haré…

Sofía Girardot

II

Es principio de año, el sol es abrumador y el cielo está despejado les diría exactamente qué día es hoy, pero soy un poco distraído ni yo mismo se, les puedo compartir en que mes estamos es marzo; pero el día se los he de deber. 

Despierto en mi hogar, hogar ubicado en Jamundí, una vereda del municipio de Girardota; es un sector de campo apenas en crecimiento urbano, mi hogar está ahí. 

Este día mi padre madrugo un poco, me dijo que debía ir a Niquia a comprar algo, no le presté mucha atención por supuesto y sigo con mi mañana normal. 

Para llegar a mi casa se debe subir un poco, bueno no tan poco exactamente, el trasporte llega hasta cierto punto, de allí toca subir unos rieles media o una cuadra. Mi padre llego hasta el punto donde comienzan los rieles y me llama a mi celular, contesto y me dice “debes bajar, cargaras la cerámica” son las 10 de la mañana de un domingo todo está bastante solo y para terminar me toca trabajar, asco de día. 

Iba a llover, la cerámica no se puede mojar entonces contrataremos a otra persona para que me ayude a cargar, todo está de la mejor manera, aunque ya me siento cansado, mi compañero y yo nos sentamos a descansar, tomo unas naranjas de un árbol y a descansar. 

En este momento llegó una moto, bueno por acá pasan demasiadas, no será diferente o bueno siempre hay excepciones, el hombre de la moto se detiene, parquea y nos encara; vino en busca de mi compañero; me intimido cuando veo en su pelvis o abdomen, ustedes ya sabrán, esa parte de su cuerpo que utilizan los sicarios para guardar su arma: un revólver, bueno, no sé exactamente no soy experto en armas. 

Yo solo pienso en mi vida… El hombre de la moto agarra a mi compañero se lo lleva y yo debo seguir trabajando. Ojalá se solucione ese problema y mi compañero esté bien. 



Miguel Ángel Montoya



III

Me acabo de despertar como cualquier día para seguir con mi séptimo grado en la institución educativa Manuel José Sierra. Al principio me pareció un día como cualquier otro, todo tan común como siempre, hasta que me dieron algo que al principio me pareció ser broma, seguida de una estrechada de mano de un buen amigo que me sostuvo la mirada. Fue entonces que me di cuenta que todo era verdad: nuestro profesor de fútbol el día anterior falleció. 

Después de 4 años al lado de él, formándome futbolísticamente, no tuve más que hacer si no acompañarlo a verlo en ese ataúd mientras corre por mi rostro unas tiernas lágrimas de un joven de 13 años que, obviamente, todo iba a cambiar, pues después de ese hecho tan lamentable mi desmotivación fue tan impresionante que mi sueño de ser futbolista se fue a la basura, o mejor, dicho al suelo, junto a mi querido profe.

Bryant Ángel Quintero

IV


Hoy es 13 de enero de 2015, es una mañana muy lluviosa, en Barbosa. Veo a mi madre y hermanos empacando su ropa y los enseres de la casa, yo asustada y preocupada pregunto: ¿Qué pasa? Mi madre responde: empaca tu ropa rápido que nos vamos, yo me dirijo directo a mi cuarto y lloro. Mientras que empaco toda mi ropa, por la ventada veo que llega un carro grande de trasteo, mi familia y mis hermanos empiezan a subir todas las cosas al carro, yo me hago miles de preguntas, no sé qué hacer y mi mama me dice sube al carro, yo entro en pánico y confundida subo al carro, en este momento me hago una pregunta: ¿Dónde está mi papá?, esa misma pregunta se la hago a mi madre quien se está montando en el carro, ella hace un gesto y me dice que está trabajando, que en la noche llegará. Yo indignada miro al señor conductor, quien es un desconocido, y acá voy sentada, callada y pensativa mientras miro por la ventana calles y algunos árboles por donde nos dirigimos y sin saber hacia dónde es que voy. Por otra parte, voy un poco confiada porque sé que mi madre está a mi lado.

Ha pasado una hora de viaje y veo que llegamos a Girardota, el carro está parqueándose frente a una casa en especial, una casa de color naranja, ventanas y puertas negras. Escucho la voz de mi madre diciéndome baja del carro y empieza a bajar tus cosas e ingrésalas a esa casa. Mi única opción solo fue obedecerle y cada vez me hago más preguntas. Empiezo a bajar mis cosas e ingreso a esa desconocida casa, la cual está totalmente vacía.

Acomodo mis cosas y veo que llegan mis dos hermanos, después de todo, tomo valentía y definitivamente le pregunto a mi madre ¿Qué es lo que pasa? Ella preocupada me abraza y me dice: es algo que no tomarás con agrado, espero que me perdones por lo que estoy haciendo, yo me encuentro llorando entre sus brazos y escucho su voz cuando me dice: tu padre se quedó lejos y no volverá, tome la decisión de separarme de él. Yo no sé cómo reaccionar, sé que me aparto de ella y me encuentro llorando fuertemente hasta que pierdo la conciencia y me desmayo.

Soledad Montés

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Y ASÍ CULMINA...

Por Juan Carlos Henao Torres , 11° Luego de una ardua lucha, donde nuestro pensamiento vagaba en busca de una respuesta hacia un resultado f...